La tregua de Mario Benedetti y su incaducidad inclaudicable

La Tregua es una de esas novelas que merece la pena leer y también releer. No solo para disfrutar de esa narrativa sencilla, sin intención de alarde y sin embargo tan precisa y cercana, que caracteriza a las obras de Mario Benedetti, sino para comprobar, como lo han hecho otros libros notables, que las zozobras han sido, son y serán nuestras inevitables compañeras.

La historia de un hombre a punto de cumplir medio siglo nos llega de su propia voz. A través de unas La treguaanotaciones, o diario si se quiere, el protagonista nos adentra en ese universo gris, mecánico, sin ningún tipo de efervescencia, en el que transcurre su cotidianeidad.

Viudo desde hace más de veinte años, vive con sus tres hijos, ya adultos. Una relación tibia que no hace más que reafirmar esa soledad que parece haberle tocado en suerte y que él ha aprendido a normalizar. El trabajo y su desempeño metódico, la casa, los mismos restaurantes, el mismo trayecto, la misma inercia: una rigurosa rutina que se ve interrumpida por la aparición de una mujer.

Avellaneda, que tiene unos pocos años más que su hija, le alienta a pausar la creencia de que la felicidad no es para él. Pero no la felicidad de los anuncios, sino la real. Esa que, como la frecuencia del corazón, nunca traza una línea recta.

Y esto es sin duda lo que engancha de esta novela. Porque Martín Santomé escribe su día a día sin ningún tipo de reproche, ni drama, ni cursilería. Sus anotaciones no son un lamento, ni siquiera una crítica. En esas líneas lo que sí que está es su desnudez, esa que te da la libertad de llamar las cosas por su nombre, sin vueltas, sin trampas ni máscara. Y aunque tal vez una no comulgue del todo con la grisura, que no fatalismo, que se ha impuesto en su vida con ese automatismo asignado hasta en los actos más sencillos, la empatía surge. Y entonces, una no puede evitar conmoverse.

Se avanza en la lectura y se agradece la honestidad. La ausencia de la perfección, de ese modelo a imitar, la certeza de lo absurdo que tantas veces sobreviene en la vida, las dudas e incluso ese sudor frío y esa rigidez que provocan las ilusiones inesperadas, postergadas, evitadas, no se esconden bajo un manto de invisibilidad. Martín Santomé las relata y en ese relato, en algunos fragmentos, también la relata a una.

A sesenta de años de su publicación, La tregua, que fue llevada a la gran pantalla, sigue siendo la obra más reconocida, editada y traducida del escritor uruguayo. Con múltiples reconocimientos como el VIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Mario Benedetti (1920-2009) dejó un amplio repertorio: poesía, crítica, cuentos, teatro, novelas, ensayos y periodismo. Pero sobre todo dejó esa posibilidad de diálogo que ofrecen sus letras, poesía o narrativa: un puente que nos acerca al otro.

 

 

 

 

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