Francisco Matosas

La belleza arquitectónica de Mercedes

El arte, en todas sus disciplinas, es el canal que eligen los artistas para expresar sus emociones, percepciones y también sus pensamientos. Por eso, cuando mis sentidos se encuentran con una obra que se sale de lo común, no puedo evitar, como dicen algunos músicos, que se me dispare el pelómetro. Eso fue lo que me pasó cuando descubrí una de las casas de Francisco Matosas i Amat (1886-1947), constructor catalán influenciado por la corriente del modernismo o Art Nouveau.

El Art Nouveau de Francisco Matosas

Francisco Matosas

La capital del departamento de Soriano (Uruguay) cuenta con la arquitectura prototipo del interior del país. Casas de una o dos plantas con tejado horizontal o a dos aguas; de fachadas lisas, salvo por la prominencia de las rejas que cubren las aberturas o los balaustres que ofician de balcón si se abren las ventanas de par en par. Tal vez ese sea uno de los motivos por el que la casa ubicada en el n° 337 de la calle Careaga retenga mi atención enseguida. La antesala de una admiración que la observación más pausada termina avivando mi curiosidad.

Aún sin ser entendida en arquitectura, no hay ornamento que no te asombre: los tallos retorcidos que forman la baranda; el detalle de las hojas en el portón; la peculiaridad de la fuente que se adivina en el patio desde afuera; el arco de herradura que tutela algunas ventanas y también la puerta de la casa; los azulejos coloridos bajo el ventanal de vitral; las cornisas de corteza. Aún de noche se puede captar la belleza de la que fue una de las casas, me desvela una anciana, de Francisco Matosas.

Art Nouveau

Me cuenta que era pequeña cuando veía a aquel hombre darle forma al cemento con las manos y con un cuchillo o un palo más bien pequeño. No entendía lo que hacía ni el porqué, pero tanto a ella como a otros vecinos les resultaba inevitable observar a aquel «panadero que le daba por hacer cosas raras». Para mi fortuna, parte de la descendencia del constructor, al ver mi interés, me permite amablemente acceder al patio para sacar alguna foto.

Aunque lo cierto es que me resulta imposible no llevar mis manos a las ramas, a las hojas y a los racimos de uvas que sobresalen de una de las paredes antes de buscar inmortalizar ninguna imagen con el móvil. Palpar la imitación de la naturaleza sobrecoge. Técnica faux bois, aprendo más tarde cuando decido indagar sobre la obra y vida de Francisco Matosas.

Nacido en Badalona, Francisco Matosas i Amat se desempeñó como picapedrero hasta que con poco más de veinte años, como tantos otros españoles, tuvo que emigrar. Su primera escala fue en Argentina, pero fue en Mercedes donde decidió radicarse en 1917. Cuentan que este hombre de costumbres sencillas, sobresalía por su disciplina y su fijación por el detalle; que solo trabajaba con su ayudante y que supo guardar el secreto las proporciones y las mezclas de los pigmentos que usaba para lograr los distintos colores en los mosaicos. Características que incrementan el interés de su obra y que Luis Morales Carrea recoge, junto a una investigación exhaustiva y testimonios del entorno del artista, en su libro Matosas, el constructor.

Autodidacta, Matosas plasmó su arte en más de veinte casas en Mercedes. Y si bien algunas no lograron permanecer en el tiempo, las que perduran han pasado a ser patrimonio cultural de una ciudad cuyos habitantes, como suele ocurrir por el velo que impone la costumbre, no le dio la transcendencia merecida hasta pasados los años.

Todo sale del gran libro de la naturaleza; las obras de los hombres son ya un libro impreso.

Antoni Gaudí

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